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Padres de tenistas: cómo ayudar a nuestros hijos a competir mejor por Dani Gil

Dani Gil es profesor de tenis y director de Focus Tennis Academy

El papel de los padres en la formación de un tenista es mucho más importante de lo que parece. Aprender a acompañar, gestionar las expectativas y valorar el esfuerzo por encima del resultado puede marcar una enorme diferencia en su desarrollo deportivo y personal.

Una de las condiciones sine qua non para una buena formación de los tenistas es que los entrenadores no nos limitemos a enseñar a los jugadores, sino que también dediquemos tiempo a orientar y formar a sus padres.

Cuando hablo con otros entrenadores, uno de los problemas que aparece con mayor frecuencia es precisamente la relación con las familias. Algunos padres cuestionan constantemente el trabajo del entrenador porque consideran que saben más que él; otros, con la mejor de las intenciones, sobreprotegen a sus hijos, intentando evitarles cualquier sufrimiento o frustración.

Sin embargo, muchas veces olvidamos que es precisamente en la superación de las dificultades donde los jugadores desarrollan algunas de las herramientas que les permitirán alcanzar una felicidad más profunda y duradera.

Comunicar con los padres

Personalmente, salvo contadas excepciones, no considero que la relación con los padres sea un problema. En nuestra escuela intentamos mantener un discurso claro y coherente, acompañado de una comunicación constante entre entrenadores, jugadores y familias.

Mi experiencia me ha demostrado que, cuando los padres comprenden nuestra filosofía de trabajo y disponen de la información adecuada, suman muchísimo más de lo que restan. Al fin y al cabo, son los primeros que quieren lo mejor para sus hijos.

Por eso, considero que los directores de escuela y los entrenadores tenemos la responsabilidad de crear un entorno sano, deportivo y basado en la comunicación, en el que todos participemos en el desarrollo del jugador.

Padres, jugadores y entrenadores formamos un equipo de tres patas. Si una de ellas falla, el equilibrio se resiente.

El tenis, una trituradora psicológica

Todos queremos que nuestros jugadores disfruten de la competición, se sientan realizados y desarrollen su máximo potencial. Pero conseguirlo exige adoptar una serie de hábitos y, en muchos casos, reeducar determinadas conductas tanto de los padres como de los propios jugadores. No es un proceso sencillo. Vivimos en una sociedad que tiende a idolatrar la victoria y a interpretar la derrota como un fracaso. Y el tenis, por sus características, amplifica enormemente estas emociones. Como dijo en una ocasión Álex Corretja, «El tenis es una trituradora psicológica».

Quienes hemos competido sabemos lo difícil que resulta gestionar las emociones dentro de una pista. El jugador está constantemente tomando decisiones, enfrentándose al error, resolviendo problemas y lidiando con momentos de tensión, muchas veces en absoluta soledad.

Por eso, siempre transmito a los padres una idea que considero fundamental: si queremos ayudar a nuestros hijos a mejorar su rendimiento tenístico, nuestra principal misión no es añadir más presión, sino contribuir a reducirla. Debemos crear las condiciones para que puedan competir con confianza, valentía y libertad, poniendo el foco en su rendimiento, su actitud y su aprendizaje, en lugar de obsesionarnos con el marcador.

Obsesionarse con ganar no significa competir mejor

Incluso aquellos padres —afortunadamente, una pequeña minoría— que anteponen la victoria a cualquier otra consideración deberían comprenderlo. En ocasiones, detrás de esa obsesión por ganar encontramos necesidades de reconocimiento personal, comparaciones con otros jugadores, expectativas frustradas o la sensación de estar compitiendo a través de los propios hijos.

A estos padres les plantearía una reflexión muy sencilla: incluso si vuestro único objetivo fuera que vuestro hijo ganase más partidos, la mejor estrategia seguiría siendo reducir su presión y ayudarle a centrarse en aquello que puede controlar. Porque cuanto mejor compita, más posibilidades tendrá de ganar. Pero obsesionarse con ganar no significa necesariamente competir mejor.

A partir de esta reflexión, he querido reunir algunas de las recomendaciones que llevamos años transmitiendo a las familias de nuestra escuela. Son pautas sencillas en apariencia, pero que pueden transformar profundamente la experiencia deportiva de nuestros jugadores.

1. El esfuerzo por encima del resultado

Si tuviera que resumir toda nuestra filosofía en una sola idea, sería esta: debemos valorar el esfuerzo, la actitud y el aprendizaje por encima del resultado.

Ganar o perder es una consecuencia de muchos factores, algunos de los cuales no dependen exclusivamente del jugador. En cambio, luchar cada punto, mantener una buena actitud, respetar al rival y buscar soluciones son comportamientos sobre los que sí puede actuar. Por eso, no deberíamos celebrar una victoria únicamente por el hecho de haber ganado.

He presenciado situaciones en las que unos padres prometían a su hijo ir a comer a McDonald’s si ganaba el partido. Aunque pueda parecer algo inofensivo, estamos enviando un mensaje muy claro: lo importante es ganar, independientemente de cómo se haya competido.

¿Y si ha ganado sin esforzarse, con una mala actitud o faltando al respeto al rival? ¿Y si ha perdido después de realizar el mejor partido de su vida?

Lo que deberíamos celebrar es aquello que realmente queremos reforzar: el esfuerzo, la superación, la valentía, el respeto y la capacidad de afrontar las dificultades.

También debemos aprender a valorar especialmente cómo responde el jugador ante la adversidad. Más importante que fallar una derecha es observar qué hace después: ¿se recompone?, ¿sigue luchando?, ¿mantiene una buena actitud?, ¿busca soluciones?

La capacidad de reaccionar después de un error es una de las habilidades más importantes que puede desarrollar un tenista.

2. Cómo comportarnos mientras nuestros hijos compiten

Los padres son una referencia emocional constante para sus hijos, incluso cuando están dentro de la pista. Por eso, su actitud como espectadores puede ayudarles a competir con tranquilidad o, por el contrario, añadir una tensión innecesaria. Transmitir calma desde fuera de la pista.

Si los padres muestran nerviosismo, desesperación o enfado, es muy probable que esas emociones terminen llegando al jugador. Evitar los gestos negativos ante los errores.

Llevarse las manos a la cabeza después de una doble falta, negar con la cabeza o mostrar desesperación tras un fallo son reacciones que, aunque parezcan pequeñas, pueden aumentar la ansiedad del jugador. En un partido de tenis se pierden muchísimos puntos, incluso cuando se gana con claridad. El error forma parte del juego y debemos contribuir a normalizarlo.

Aplaudir el esfuerzo, no solamente los puntos ganados.

Siempre recomiendo a los padres que aplaudan o levanten el puño cuando su hijo o hija haya disputado un punto especialmente luchado, independientemente de si lo ha ganado o perdido. El mensaje que transmitimos es extraordinariamente poderoso: «Lo que valoro de ti es cómo luchas, no solamente si ganas».

No ejercer de entrenadores desde la grada.

Debemos evitar indicaciones tácticas, gestos sobre dónde sacar o frases como «¡Muévelo!» o «¡Juega a su revés!». Durante el partido, el jugador debe aprender a pensar, decidir y resolver problemas por sí mismo. Además, las indicaciones de los padres pueden entrar en contradicción con las del entrenador y generar confusión. Si queremos jugadores autónomos, debemos permitirles tomar sus propias decisiones.

3. Qué decir —y qué no decir— después de un partido

Uno de los momentos más delicados es el que se produce inmediatamente después de competir. Los padres, con frecuencia, tienen muchas ganas de comentar el partido, analizar lo sucedido o dar su opinión. Pero debemos recordar que quien acaba de pasar por una experiencia emocionalmente intensa es su hijo o hija, no ellos.

En muchas ocasiones, el jugador no necesita un análisis técnico, sino simplemente beber agua, comer algo, descansar y sentirse acompañado.

El coche no debería convertirse en una sala de interrogatorios.

Es un espacio cerrado en el que el jugador puede sentir que no tiene escapatoria. Si comenzamos a analizar todos sus errores, es probable que adopte una actitud defensiva y termine asociando los viajes de vuelta con una experiencia desagradable. Mi recomendación es sencilla: no hablar del partido a menos que el propio jugador quiera hacerlo.

Y, cuando llegue ese momento, sustituir la típica pregunta «¿Cómo has quedado?» por otras mucho más constructivas:

  • ¿Cómo te lo has pasado?
  • ¿Quieres hablar del partido ahora?
  • ¿Crees que lo has dado todo?
  • ¿Qué crees que has hecho bien hoy?
  • ¿Qué te gustaría mejorar?
  • ¿Qué ha sido lo más difícil del partido?
  • ¿Qué hacía tu rival que te generaba más problemas?
  • Del 1 al 10, ¿qué nota te pondrías en esfuerzo e intensidad?

Estas preguntas ayudan al jugador a reflexionar sobre su rendimiento y a desarrollar su capacidad de análisis.

También podemos preguntarle: «¿Quieres saber qué he visto yo?».

Y si nos dice que no, debemos respetarlo.

No siempre es el momento de dar nuestra opinión, por muy acertada que creamos que sea.

4. Aprender a perder también forma parte de aprender a competir

Una de las grandes lecciones que nos ofrece el tenis es que podemos hacer muchas cosas bien y, aun así, perder. Por eso, debemos normalizar la derrota y dejar de interpretarla automáticamente como un fracaso. Perder no significa haber jugado mal, igual que ganar no significa haber jugado bien.

Una derrota puede contener muchísimo aprendizaje, mientras que una victoria puede esconder una mala actitud, falta de esfuerzo o decisiones equivocadas. También debemos permitir que nuestros hijos experimenten emociones negativas. Si después de perder están tristes, frustrados o enfadados, no necesitamos convencerles inmediatamente de que «no pasa nada».

Para ellos sí pasa. Les importa y están decepcionados.

Podemos reconocerlo con naturalidad: «Entiendo que estés disgustado. Cuando quieras hablar, estoy aquí».

Del mismo modo, debemos evitar buscar excusas para justificar todas sus derrotas.

Frases como «El otro hacía trampas», «La pista era horrible», «El árbitro se ha equivocado» o «Estabas muy cansado» pueden aliviar momentáneamente la frustración, pero también dificultan que el jugador asuma su responsabilidad y aprenda a encontrar soluciones. Esto no significa ignorar las circunstancias externas cuando realmente hayan influido, sino evitar que se conviertan en la explicación habitual de cada derrota.

Nuestro objetivo no debería ser proteger al jugador de cualquier frustración, sino ayudarle a desarrollar los recursos necesarios para afrontarla.

5. Las expectativas: una presión que muchas veces no vemos

Los padres pueden transmitir presión incluso sin ser conscientes de ello. Frases aparentemente inocentes como «A este tienes que ganarle», «Este es fácil» o «Como juegues como sabes, ganas seguro» pueden convertirse en una carga enorme para el jugador. El jugador puede interpretar que existe una obligación de ganar y que cualquier otro resultado será una decepción. Es mucho más útil decirle: «Compite, lucha cada punto, busca soluciones y disfruta».

También debemos evitar convertir cada torneo en un examen.

Si antes de jugar sometemos a nuestro hijo o hija a un interrogatorio sobre el ranking, el rival, las rondas que debe superar o los puntos que puede conseguir, corremos el riesgo de que sienta que cada partido determina su valor como tenista.

El ranking debería ser una consecuencia de su evolución deportiva, no una obsesión diaria.

Especialmente en edades tempranas, deberíamos preguntarnos si está aprendiendo, disfrutando, desarrollando buenos hábitos y mejorando su manera de competir.

Y, por supuesto, evitar las comparaciones con otros jugadores.

Comentarios como «Fulanito ya te ha ganado tres veces», «Mira cómo juega este jugador» o «Con tu edad, él ya disputaba torneos más importantes» rara vez ayudan. La comparación más útil es la que hacemos con nosotros mismos: «¿Qué haces ahora mejor que hace seis meses?».

6. Nuestro cariño no puede depender del marcador

Esta es probablemente una de las recomendaciones más importantes de todas. Los jugadores deben sentir que la relación con sus padres no cambia en función de si ganan o pierden. Los padres no deberían mostrarse especialmente cariñosos y alegres después de una victoria y fríos, distantes o decepcionados después de una derrota.

Tampoco debemos utilizar premios o castigos vinculados al resultado.

Si queremos reconocer algo, hagámoslo por comportamientos que dependen del jugador: haber luchado hasta el final, mantener una buena actitud, respetar al rival o atreverse a tomar decisiones difíciles.

El jugador debe bajarse de la pista con la seguridad de que, independientemente de lo que haya sucedido, sus padres siguen estando orgullosos de su esfuerzo y de la persona que está intentando ser.

7. Educar en autonomía dentro y fuera de la pista

El tenis es un deporte especialmente exigente desde el punto de vista de la autonomía. Durante la competición, el jugador debe tomar decisiones constantemente, gestionar sus emociones y encontrar soluciones sin depender de nadie. Pero no podemos pretender que sea autónomo dentro de la pista si fuera de ella le resolvemos absolutamente todos los problemas.

Por eso, recomiendo que los jugadores vayan asumiendo progresivamente pequeñas responsabilidades: preparar su mochila, comprobar el material, llevar agua, conocer el horario de su partido, presentarse ante la organización o preguntar en qué pista deben jugar.

Del mismo modo, si surge un pequeño conflicto o una dificultad, siempre que su edad y las circunstancias lo permitan, deberíamos animarles a intentar resolverlo antes de intervenir.

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