Más allá del juego: Análisis psicológico de ‘ A mi Manera’, el documental de Carlos Alcaraz por Vicente Cuairán

Desde la publicación del documental de Carlos Alcaraz «A mi manera», se han generado numerosos debates en torno a las salidas y fiestas del joven murciano. Algunas voces sostienen que estas conductas son absolutamente incompatibles con el alto rendimiento.
Otras, en cambio, defienden que cada persona debe gobernar su vida como considere, y que Alcaraz es el único responsable de sus decisiones fuera de la pista.
Probablemente, quienes lean este artículo compartirán un principio general que no suele generar controversia: el alcohol y la fiesta son malos compañeros de viaje para el alto rendimiento. En esto, supongo que estamos todos de acuerdo.
Ahora bien, dicho esto, quiero centrarme en el impacto psicológico que puede tener en el rendimiento de Alcaraz el hecho de permitirle —o no permitirle— salir de fiesta.
Antes, creo necesario señalar algo que me parece clave: el documental, desde el punto de vista comunicativo, me parece un despropósito. Si el objetivo era mostrar a un deportista cuya única motivación parece ser salir de fiesta, lo han conseguido. Y eso, sinceramente, me parece profundamente injusto. Nadie gana cuatro Grand Slams con 21 años sin un nivel altísimo de compromiso, sacrificio y trabajo diario. Sin embargo, tanto el documental como la entrevista en El Hormiguero —otro ejemplo de comunicación desacertada— han proyectado una imagen sesgada, como si Alcaraz simplemente saliera de fiesta “cuando le da la gana” y eso fuera lo que definiera su carrera.
Clave psicológica 1: Alcaraz es una persona con diferentes intereses
En este sentido, es esencial recordar que Carlos Alcaraz no es solo un tenista: es una persona. Y una persona de 21 años. Desde una perspectiva del desarrollo evolutivo, a esa edad es natural tener la necesidad de explorar, socializar, desconectar y, en definitiva, ser joven. Negar esto es negar su realidad psicológica. Y si queremos que un deportista alcance una verdadera estabilidad mental y emocional en la pista, es imprescindible ofrecerle espacios donde pueda vivir su edad también fuera de ella.
Ahora bien, todos sabemos que Alcaraz no es un joven cualquiera. Su trabajo le obliga a renunciar a muchos aspectos de la vida que podría tener cualquier otro chico de 21 años. Y eso tiene sus muchas ventajas, pero también sus sacrificios.
No estoy diciendo con esto que Alcaraz deba salir cuando quiera. Lo que planteo es que, como primer paso irrenunciable, debemos entender que los intereses de una persona no son únicos ni exclusivos. Todos los tenistas del mundo, además del tenis, tienen otros intereses. El problema es que, si para desconectar te gusta ir a pescar o jugar al parchís, gestionarlo es más fácil que si lo que te gusta —como en el caso de Alcaraz— es salir de fiesta.
Pero esa es la realidad: todos los deportistas tienen necesidades e intereses ajenos a su disciplina, y si no pueden satisfacerlos, sentirán que están perdiendo algo importante para ellos. Aunque a nosotros nos pueda parecer cuestionable que un deportista de alto nivel se interese por «salir de fiesta», los intereses personales son eso: personales. Y el punto de partida, desde la psicología, no puede ser otro que comprenderlos y respetarlos.
Clave psicológica 2: Para ser feliz dentro de pista, tengo que ser feliz fuera de pista
Detrás de cada punto, de cada partido, hay una persona con necesidades emocionales, sociales y psicológicas que influyen directamente en cómo compite. Desde la psicología deportiva, está ampliamente demostrado que el bienestar personal fuera de pista es un factor clave para la estabilidad emocional que exige el alto nivel. Es decir, estar bien fuera de la pista es una condición necesaria para rendir bien dentro de ella.
Todos los jugadores, más allá de su edad o palmarés, necesitan espacios donde desconectar, liberar presión, sentirse personas y no solo atletas. Y eso cobra aún más importancia en perfiles jóvenes, como el de Carlos Alcaraz, que además de convivir con una enorme exigencia mediática y competitiva, está atravesando una etapa de construcción personal donde explorar su identidad, sus gustos y sus relaciones es esencial.
Juan Carlos Ferrero lo ha expresado claramente en el documental: Alcaraz necesita, reírse en pista para rendir bien. Esa alegría no es solo una cuestión de actitud superficial; es la expresión visible de un estado mental equilibrado. Y para llegar a ese punto, necesita sentirse feliz también fuera de la pista.
Cuando un jugador joven percibe que todo en su vida gira exclusivamente alrededor del rendimiento, es fácil que surjan bloqueos, fatiga emocional o desconexión motivacional.
En cambio, cuando se le permite integrar espacios personales —como el ocio— su mente se oxigena, su motivación se renueva y su capacidad de afrontar la presión mejora notablemente.
Este equilibrio no significa vivir sin disciplina, sino comprender que la felicidad fuera de la pista no compite con el rendimiento: lo sostiene. Para un perfil como el de Alcaraz, cuya energía competitiva está muy vinculada a su disfrute y espontaneidad, esto no es solo importante. Es necesario.
Clave psicológica 3: La realidad de los resultados
Hasta ahora, los resultados no han supuesto una merma en el rendimiento de Alcaraz. Después de su primera escapada a Ibiza en 2023, ganó el torneo de Queen’s y, semanas más tarde, se proclamó campeón de Wimbledon, venciendo a Novak Djokovic. En 2024 repitió ese patrón de desconexión, fue eliminado en segunda ronda de Queen’s por Jack Draper y, poco después, consiguió su segundo título en Wimbledon, sumando así su cuarto Grand Slam.
Es decir, mientras se cuestiona su manera de gestionar el tiempo libre, la realidad es que ha logrado lo que muy pocos han conseguido en tan poco tiempo. Los datos objetivos no muestran una caída de rendimiento general, sino una progresión de élite con altibajos propios del proceso de maduración.
¿Quiere esto decir que este enfoque funcionará siempre? No necesariamente. Lo que hoy sirve puede requerir ajustes mañana. Pero demonizarlo, no creo que sea la solución. Lo que se necesita es comprensión, acompañamiento y una buena gestión por parte del entorno: convertir esa necesidad en algo que no reste, sino que sume al equilibrio emocional y competitivo del jugador.
De hecho, el momento en el que Alcaraz ha mostrado mayor nivel de tensión y frustración en pista coincide con una etapa en la que, fuera de ella, menos capacidad tenía para desconectar y disfrutar. Tras los Juegos Olímpicos de París 2024, donde perdió la final individual ante Novak Djokovic y fue eliminado en dobles junto a Rafael Nadal, Alcaraz se mostró especialmente estresado.
En el Masters 1000 de Cincinnati, rompió su raqueta en un gesto poco habitual en él, reconociendo públicamente que no se sentía bien mentalmente y que incluso llegó a cuestionarse si valía la pena competir en ese estado. Posteriormente, cayó también en segunda ronda en el US Open, pero por
encima de todo, el problema era de falta de rendimiento.
¿Qué hizo Alcaraz?
Asistir al Gran Premio de Fórmula 1 en Monza. Esto fue interpretado como una falta de compromiso o un síntoma de distracción. Sin embargo, si miramos lo que ocurrió en los meses siguientes, la visita a la F1 no marcó una caída, sino un punto de inflexión.
Tras esa experiencia, Carlos Alcaraz reconectó con su mejor versión. En octubre de 2024, ganó el ATP 500 de Pekín, venciendo a Jannik Sinner en una final de altísimo nivel. En noviembre, alcanzó la final de las ATP Finals en Turín, cerrando el año con un rendimiento diferente al mostrado en semanas anteriores.
Estas señales no son anecdóticas. Reflejan que, en un jugador como Alcaraz, el bienestar emocional y la capacidad de disfrutar —dentro y fuera de la pista— no son detalles secundarios. Son variables clave de su rendimiento.
Clave psicológica 4: Privacidad, equilibrio y equipo
Desde la psicología, una de nuestras funciones esenciales es ayudar al deportista a identificar sus necesidades reales y encontrar formas saludables e inteligentes de integrarlas en su vida profesional. Esto no significa decir siempre «sí» a todo, pero tampoco imponer un «no» sin comprensión. En el caso de Alcaraz, quizás el problema no está en que salga de fiesta, sino en cómo, cuándo, cuánto y con qué impacto público se hace.
Privacidad: proteger sin esconder
Exponer aspectos personales como las salidas nocturnas en espacios de gran visibilidad —como un documental global o una entrevista en El Hormiguero— puede proyectar una imagen distorsionada del deportista. No porque haya nada que ocultar, sino porque la privacidad también es una herramienta de salud mental. Proteger ciertos espacios personales no es mentir ni fingir: es preservar un lugar íntimo donde el deportista pueda descansar de la exposición constante y tomar decisiones sin estar bajo juicio público permanente.
No se trata de esconder, sino de gestionar con inteligencia. No todo lo que uno vive tiene que formar parte del relato público. Especialmente cuando ese relato puede reducir a una figura tan completa como Alcaraz a la caricatura de “el chico que solo quiere salir de fiesta”, ignorando que detrás hay cuatro Grand Slams, cientos de horas de trabajo invisible y un nivel de compromiso altísimo.
Equilibrio: bienestar como base del rendimiento
Como se ha expuesto anteriormente, Juan Carlos Ferrero lo ha dicho con claridad: Alcaraz necesita reírse y disfrutar en pista para rendir al máximo. Y eso no es solo una preferencia: es una estructura psicológica. El rendimiento no se construye únicamente sobre técnica, táctica y físico. Se sostiene sobre el equilibrio personal, la motivación genuina y la salud emocional.
Negar una necesidad no la elimina. La reprime. Y esto puede volverse en contra. Genera frustración, alimenta tensiones internas y —como se vio tras los Juegos Olímpicos de 2024 y en la gira americana— puede traducirse en una caída del rendimiento competitivo. A los 21 años, no se trata de elegir entre “salir o no salir”, sino de aprender a integrar los intereses personales dentro de una vida profesional que los contemple y regule.
El equipo: negociar, acompañar, educar
Aquí entra en juego el tercer pilar: el equipo. No se trata de imponer normas desde arriba, sino de construir acuerdos desde el acompañamiento. De ayudar al deportista a entender sus propios ritmos, a autorregularse, a encontrar formas de satisfacer sus necesidades sin poner en riesgo su rendimiento. Y eso requiere confianza, comunicación, escucha mutua y coherencia.
Un equipo fuerte es el que acompaña, contiene y potencia. Que sepa cuándo decir «no», cuándo decir «mejor así», y cuándo decir «sí».
Porque cuando un jugador es capaz de atender y equilibrar todas las facetas de su vida —personal, social, emocional y profesional— no solo se siente mejor: también compite mejor. Porque el rendimiento no nace solo del sacrificio absoluto, sino del equilibrio inteligente en todas sus necesidades.
Vicente Cuairán.
Psicólogo especialista en rendimiento humano y deportivo.
Director de Academia de titanes
www.vicentecuairanpsicologo.es @vicentecuairan



