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¿Y si cambiamos algo? Por Fernando García Lleó

Fernando García Lleo debuta como columnista de industriadeltenis.com con este artículo. García Lleo fue jugador profesional y campeón de España Junior, Cadete e Infantil. Ha sido coach de Marta Marrero y Magui Serna y director deportivo de diversos clubes de tenis.

Después de haber visto que muchos de ustedes están de acuerdo en que «antes se jugaba mejor al tenis», me siento nuevamente unos minutos delante del ordenador –prometo que no les castigaré más- para profundizar en algunos aspectos del tenis base en la actualidad.

Es únicamente una opinión y no un análisis exhaustivo, mas bien casi un «botepronto». Y también un poco de autocrítica. Cuando en mi anterior reflexión hablaba de que «antes se jugaba mejor» me refería a los chicos de cualquier club que aprendían a jugar al tenis. Los de mi club, Javi, Alvarito, Eduardo, tenían un nivel técnico de tenis muy pero que muy aceptable. A pesar de jugar prácticamente solo los fines de semanas, sabían ejecutar la mayoría de los golpes básicos con criterio. Eso si, planito y cortado. El liftado todavía no existía, empezaba en esos momentos. De hecho, la mayoría nunca lo aprendió.

Pero es que el tenis también existe sin saber liftar la bola. El tenis es mucho más que un efecto.
Yo también jugaba planito y cortado, pero a diferencia de ellos jugaba todos los días. Y gracias a una beca, en poco tiempo accedí al mundo de la competición, nacional primero e internacional después, teniendo que ir adaptanto mis golpes y mi forma de jugar a otra realidad.

Hablo brevemente de mi caso porque lo que me gustaría resaltar es que con una buena base de golpeo, ayudado por una empuñadura correcta -continental o como mucho este-, es más fácil adaptarse luego sin muchas complicaciones a otras empuñaduras más fuertes que permitan ser más
competitivo.

El viaje a la inversa, de golpes super liftados con empuñaduras oeste, -como las que adquieren muchos niños hoy a edades tempranísimas- a una empuñadura continental o semi/este que permitan cortar, volear o rematar… es un viaje al imposible.

Hoy ver a un niño cerrar una jugada de volea es poco usual. Pero ver a un niño realizar un aprouch e interceptar varias voleas en un mismo punto es una quimera.

Cabe preguntarse entonces, cómo aprendimos nosotros a volear, a cortar, a sacar, a crear jugadas, si practicábamos una quinta parte de lo que practican los niños en la actualidad.

Y yo creo que fue porque además de tener una empuñadura adecuada, aprendimos a jugar entre nosotros, acudimos muchas horas de manera voluntaria a ese señor que siempre estaba dispuesto a jugar con nosotros a cualquier hora del día, Don Frontón. Aprendimos a fijarnos en que es lo que
hacía bien el otro compañerlo para imitarlo. El que podía, pagaba alguna clase al profe del club par que le corrigiera algún aspecto de su técnica que por sí mismo era incapaz de corregir. Pero quede claro que primero lo intentaba solo.

¿Y cuál era la formación del profe del club? ¿Era monitor, entrenador, profesor? Normalmente su formación era «saber jugar» mejor que los demás y punto. Y tener sentido común.

Más tarde, cuando ya tuvimos un poco de nivel, empezamos a jugar partidos entre nosotros y con los socios del club. Algunos de ellos tenían una limitada técnica pero corrían como bestias y para poder vencerles nos ibamos lanzados a la red a volear porque desde el fondo era imposible terminar los puntos. Cuestión de supervivencia. Otros jugaban con efectos imposibles y no nos quedaba otra que poner los cinco sentidos en la pista y buscar soluciones ante ese anti-tenis. Cada partido era una lección gratis.

Ya por último y con una cierta edad -a partir de los 13 año aproximadamente- jugábamos los torneos del club. Normalmente torneos absolutos porque por categorías había muy poquitos y los que habían eran a partir de la categoría infantil. No existía aún la categoría alevín. Ni la benjamín. Ni tampoco la requeteprebenjamín.

Y bueno, pues con esa base, con ese poquito, se formaron jugadores que a día de hoy se siguen divirtiendo jugando porque aprendieron a JUGAR y porque siguen amando el tenis con pasión.

Hoy en día el primer contacto de cualquier niño con el tenis es a través de la escuela del club. Raro es el que empieza solo. ¿Y que solemos hacer con ellos cuando ya son capaces de impactar medianamente bien una bola de derecha y una bola de revés?

Les decimos que si quieren mejorar tienen que ENTRENAR más y más, y no que tienen que JUGAR y APRENDER más y más. Les metemos exclusivanente a hacer infinidad de repeticiones de golpes mediante cubos/cestas/carros buscando el pegar más fuerte, más alto, con más peso, y no les guiamos a sentir la pelota en la raqueta, a mimarla, a colocarla en el sitio que realmente hace daño. Les ponemos a competir a edades tempranísimas con el desconocimiento de la mayoría de los golpes del tenis. El querer ganar les lleva a poner en práctica sólo lo que mejor saben hacer. En muchos casos, tristemente, lo único que saben hacer.

Y ahí podría empezar el problema porque si no han aprendido a jugar con tranquilidad, sin presión a ganar, si no han aprendido a conocer y dominar todos los golpes cuando tienen 10, 11, 12 años…

¿Cuándo lo van a hacer?
Yo creo que hemos convertido el tenis en un deporte más dificil de lo que realmente es. El tenis era y es más fácil que eso. Pero se necesita tiempo para aprender, se aprende poco a poco, paso a paso, gota a gota. El que quiera aprenderlo de golpe, el que se lo quiera beber de un trago, está condenado irremediablemente al fracaso.

Me da la impresión que para muchos no existe el tenis de niños si no es con el único fin de llegar a ser tenistas profesionales. ¿Cuántos «muertos» hemos dejado por el camino? ¿Cuántos niños ODIAN con todas sus fuerzas al tenis a los pocos años de haber empezado a jugar? ¿Culpa de quien? ¿De los niños? En algún caso. ¿De los padres? En no pocos casos. ¿De los entrenadores? En muchos de los casos.

Hemos metido -entrenadores y padres- a niños a ENTRENAR horas y horas diariamente sabiendo perfectísimamente de su poca capacidad, de su escasa formación técnica, de su inexistente interés por mejorar, llevándolos directamente a la frustración y al aburrimiento absoluto.

En algún momento tendremos que pensar que soluciones podrían haber para que aprendieran a jugar mejor y para que siguieran disfrutando del tenis durante toda su vida.

No saben lo que se pierden.

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2 comentarios

  1. Acertadisimo artículo de Fernando,,coincido bastante,???

  2. Excelente Fernando. Coincido plenamente.

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