
Eduardo Carrillo de Albornoz Arias
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El reto no debe ser organizar más exhibiciones, sino convertirlas en motores de evolución para la industria del tenis.
La reciente presentación del cartel de la Six Kings Slam 2026 me llevó a hacerme una pregunta que, probablemente va mucho más allá de este torneo; ¿qué aporta realmente un evento como este al tenis y al futuro del tenis?
Un torneo exhibición con una gran producción y los mejores jugadores de tenis del momento en pista y por supuesto, grandes premios para los participantes, pero con un formato de exhibición y en base al modelo de la Copa de Maestros que no parece aportar mucho a nuestro deporte.
Porque tratándose de un torneo exhibición, por mucha producción espectacular y lo llamativo de los premios, sin plantear ninguna novedad o nuevas propuestas para el espectáculo, se queda en una versión de algo que ya existe y que aporta entre poco y nada al ofrecer al aficionado algo que ya tiene durante la temporada, convirtiéndose quizás en algo que sólo sobrecarga más si cabe el calendario de sus participantes.
No así como otras competiciones, véanse los casos como la Laver Cup (aún con dudas del nivel competitivo en ocasiones), o el UTS o Intennse tenis, que bajo modelos de exhibición sí que aportan a la industria, por esas nuevas propuestas de show adaptado a los nuevos hábitos de consumo y a los nuevos intereses de las distintas generaciones.
En un momento en que se reavivan las reclamaciones de los deportistas por lo sobrecargado de los calendarios, reclamando un reparto de los beneficios más equitativo y en que desde todas las industrias se busca la adaptación a los nuevos hábitos de vida y consumo, el tenis se ve en un momento crucial. Y en este contexto es clave distinguir y hacer complementarios al tenis competitivo y al tenis de exhibición. El primero debe seguir siendo el espacio donde se construye la historia y la épica deportiva. El segundo puede convertirse en el laboratorio donde experimentar con el espectáculo del futuro.
Y si hablamos de innovación, hay un producto que quizá no estamos aprovechando todo lo que podríamos, más bien al contrario, según algunas últimas propuestas que parecen destinadas a reducirlo a la mínima expresión; los dobles.
Los dobles son y deben seguir siendo parte del producto tenis. Tanto por el factor formación y desarrollo de tenistas, como parte del show. Porque los dobles, también en mixtos, aportan algo que interesa al aficionado; táctica, compenetración, espectáculo, diversión…
Quizás tratando de ajustar algunas normas podría ser un gran producto para el tenis en vivo y para las retransmisiones y contenido en nuevos formatos. Siendo valientes y buscando propuestas como los sets cortos, punto de oro, eliminación del LET, reducción del tiempo entre puntos (a 18 segundos) … sería un producto de interés para los aficionados y de ampliación de audiencia.
No cabe duda de que vivimos momentos importantes para el tenis que debe saber conjugar tradición, Innovación y atención a las distintas inquietudes (jugadores, aficionados, productores de eventos y clubes) para afrontar con propuestas la dura competencia del mercado del sportainment actual
Y como parte de las propuestas para esa búsqueda de innovación sin colisionar con la tradición de nuestro deporte, se hace desde mi punto de vista crucial el no ver a otros deportes de raqueta y pala como competidores, sino como complementarios. La complementariedad de deportes como el tenis, pádel, pickleball, etc para favorecer un mayor ecosistema de deportes de raqueta y pala, y poder así entre todos afrontar la gran competencia de otras modalidades deportivas y la amplísima oferta de entretenimiento.
Pero también y quizás, sobre todo, porque es lo que se ve y seguirá viendo en los clubes, una mayor oferta de actividades para los socios en que modalidades como el tenis (también en dobles), pádel y pickleball por ejemplo no compiten, sino q se complementan para una oferta más amplia con que satisfacer los intereses de más personas.
En definitiva, la cuestión no es si el tenis necesita más torneos de exhibición, sino ¿qué tipo de exhibiciones necesita? Si estos eventos solo replican lo que ya ofrece el circuito profesional, difícilmente aportarán valor más allá de una importante bolsa de premios y unas horas más de espectáculo y activaciones. Pero si se convierten en espacios para experimentar con nuevos formatos, mejorar la experiencia del aficionado, probar innovaciones que puedan trasladarse al tenis tradicional y conectar con nuevas generaciones, entonces sí estarán contribuyendo al futuro de nuestro deporte.
Innovación y tradición en equilibrio
El tenis no debería tener miedo a innovar. Debería tener miedo a quedarse inmóvil mientras cambian los hábitos de consumo, aparecen nuevos competidores por el tiempo libre de las personas y evolucionan las expectativas de jugadores, aficionados, clubes y patrocinadores. La clave, como casi siempre, no está en elegir entre tradición o innovación, sino en conseguir que ambas jueguen el mismo partido. Porque solo así conseguiremos que el tenis siga creciendo, siga siendo relevante y continúe ocupando un lugar preferente en un mercado donde cada día compite por la atención de los aficionados con otras muchas modalidades y formas de entretenimiento.
El futuro del tenis no se decidirá únicamente en las pistas de los Grand Slam o de los M1000. También se decidirá en la capacidad que tenga nuestro deporte para innovar sin dejar de ser reconocible, para evolucionar sin renunciar a aquello que lo ha convertido en uno de los deportes con más seguidores y practicantes. Pero también será importante que los organismos rectores del tenis (World Tenis, ATP, WTA y las distintas Federaciones nacionales y regionales), sepan escuchar y atender las inquietudes y necesidades de todos los actores del mundo tenis; jugadores, aficionados, organizadores, patrocinadores y muy especialmente a los clubes y escuelas de tenis, porque es allí donde el tenis se enseña, se practica, se vive y, sobre todo, donde se asegura el futuro de nuestro deporte.
