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Rafa Nadal, un Prometeo robando el fuego a los dioses por David Castelló

El historiador y coleccionista de tenis se basa en los mitos de la historia para reflexionar sobre la retirada de Nadal

David Castelló es historiador, profesor de tenis y coleccionista de material histórico de este deporte y en esta columna se basa en la mitología clásica casi partiendo desde el mito de Prometeo para abordar el anuncio de la retirada de Nadal

Rafa Nadal ha anunciado su retirada del tenis profesional. Numerosos artículos se han sucedido en centenares de periódicos nacionales e internacionales; incontables reportajes en las televisiones; innumerables crónicas de su vida deportiva en las radios… Yo mismo, intuyendo su retirada, escribí en enero de este año y en esta revista, Industria del Tenis, una “Guía visual de las raquetas de Rafa Nadal”, en la que hacía un recorrido a todas sus hazañas teniendo como leitmotiv las raquetas que utilizó a lo largo de su trayectoria deportiva. Incluso, hace un tiempo, escribí otro artículo titulado “Destruyendo las leyendas urbanas del antinadalismo”, en el que desmontaba todas las opiniones contrarias al astro balear.

Como todos los reportajes se centran en recordar sus 22 Grand Slams, sus 2 oros olímpicos, sus 36 Masters 1000, sus 209 semanas como número 1 mundial, etc, he querido hacer algo diferente, una particular y personal veneración al deportista que más he admirado a lo largo de mi vida. Y lo haré recordando algunos de los nombres y apodos por los cuales ha sido conocido Rafa Nadal, algunos creados y acuñados por mi propia imaginación. Así que allá vamos.

Empezaremos con el de TALAYOT MANACORENSE.

Los talayots son las construcciones prehistóricas más emblemáticas de las Islas Baleares. Con forma de torre, alcanzan más de siete metros de altura. Suelen ser de planta circular o cuadrada y fueron construidos a partir de lo que se denomina técnica ciclópea, es decir, utilizando grandes bloques de piedra, sin mortero, en algunos casos de más de una tonelada de peso.

Estas construcciones, que dan nombre a la cultura talayótica, han estado presentes en la memoria colectiva e imaginaria de los isleños baleares. Así lo atestiguan los topónimos y las narraciones populares que los vinculan a gigantes que, supuestamente, habitaron las islas en los tiempos antiguos. Sin
duda alguna, Rafa Nadal es uno de esos gigantes, con unos golpes tenísticos sólidos como bloques de piedra y con una presencia majestuosa como los talayots.

Los talayots han sido designados como Patrimonio de la Humanidad, y Rafael Nadal debería ser propuesto en breve. Al igual que estas maravillosas construcciones, el tenista balear es un ejemplo claro de la cultura excepcional del Mediterráneo.

EL AVE FÉNIX.

El ave Fénix o simplemente Fénix es una criatura mitológica a la cual se le atribuía una larga vida y la capacidad fantástica de resurgir de sus propias cenizas.

El mito del ave Fénix ha seducido a diferentes civilizaciones de todo el planeta con su símbolo de esperanza, aplomo, memoria y renacer. Un animal milagroso y espiritual que siente la muerte y la prepara con mimo y serenidad para después resurgir de sus cenizas incólume y vigorosa. El sueño imposible
del ser humano.

Así pues, el ave Fénix es conocida por ser esa criatura que supuestamente renace de sus propias cenizas del fuego. Se asocia a esta con la capacidad de resiliencia que algunas personas tienen; esa habilidad para encontrar soluciones a situaciones adversas que les presenta la vida y, al igual que el ave Fénix, renacer de las cenizas que les dejó ese problema.
Rafael Nadal siempre fue esa ave Fénix, esa emblemática criatura de fuego que fue capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… Por eso, Rafael Nadal es el ave Fénix del tenis, y simboliza el poder de la resiliencia para salir fortalecido de los problemas.

EL MITO DE LAS GIMNESIAS.

En la cultura occidental, la palabra mito suele ir asociada a los relatos de las hazañas de las divinidades y héroes del mundo antiguo, y suele sugerir un tiempo fabuloso y lleno de encanto. Por su
parte, mientras las Pitiusas eran Ibiza y Formentera, las islas Gimnesias era el nombre que daban los antiguos griegos a Mallorca y Menorca, habitadas entonces por el pueblo  talayótico . Empecé a utilizar “El mito de las Gimnesias” para referirme a Rafa Nadal cuando escribía en el foro de un conocido periódico deportivo. De esta manera, aludía a un tiempo prodigioso protagonizado por un héroe de las islas Baleares llamado Rafael Nadal.


EL HONDERO BALEÁRICO.

Los honderos de las Baleares fueron unos admirados guerreros de la Antigüedad clásica, y usaban la honda como arma, siendo grandes protagonistas de las guerras púnicas, que enfrentaron a cartagineses y romanos, El ideal de guerrero y de destreza extraordinaria de estos honderos en la guerra era uno de los aspectos que destacaban las fuentes clásicas. Es así como muchos de los autores griegos y romanos hablan de la habilidad bélica del pueblo balear, sobre todo con la honda. Les sorprendía que los antiguos baleares entrenasen, ya de niños, en el manejo de esta arma. Explican que se les ponía la comida encima de los árboles, y que hasta que no la alcanzaban con las hondas, no podían alimentarse. Por este motivo se les ponía en la vanguardia de los ejércitos junto con los arqueros, siempre en primera línea, desde donde tiraban las piedras o bolas de plomo con las hondas, a una velocidad y puntería extraordinarias. Me recuerda de alguna manera el entrenamiento que recibió Rafa Nadal de su tío Toni. E incluso su
golpe de derecha siempre me ha hecho pensar que es la herencia mitológica de ese lanzamiento de piedras de los honderos baleáricos de los cuales Rafa Nadal desciende.

NADALATOR.

Un término que le acercaba a Terminator, pero que a mí me gustaba más que se asemejase a Gladiator, el personaje principal de la película épica dirigida por  Ridley Scott  y protagonizada por Russell Crowe. El genial actor neozelandés interpretaba a Máximo Décimo Meridio, un leal general hispano del ejército del Imperio romano. Forzado a convertirse en gladiador, triunfa en la arena del Coliseo romano. ¿No les recuerda de alguna manera los 10 títulos de Rafa en el Foro Itálico de Roma? El décimo título en
Roma es todo un homenaje al nomen de Décimo del general romano. Y no puedo dejar de imaginarme a Rafa pronunciando aquella mítica frase de “Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de las tropas del norte, general de las legiones Félix, leal servidor del verdadero emperador, Marco Aurelio…”

JULIO CÉSAR Y SU “VENI, VIDI VICI.

Al igual que Julio César, Rafa Nadal conquistó las Galias, y concretamente Lutecia (actual París) al ganar Roland Garros. Del mismo modo que Julio César utilizó la frase de “Veni, vidi, vici”  después de su victoria sobre  Farnaces II del Ponto  en la batalla de Zela, hay que decir que Rafa Nadal también tiene derecho a utilizarla al vencer en Roland Garros en su primera participación. “Veni, vidi, vici” se puede traducir como “Vine, vi, vencí”, y es una locución latina para referirse a una victoria rápida y concluyente. Y así fue el triunfo de Nadal en Roland Garros del año 2005, el primer entorchado al que siguieron trece más.

EL BRAZO DE THOR Y EL MARTILLO MJÖLNIR.

El brazo izquierdo de Rafa, fuertemente musculado y que resaltaba usando camisas sin mangas,
me recordaba siempre a Thor, el dios del trueno de la mitología nórdica. Según los antiguos textos, Thor recibía su fuerza gracias a una herramienta muy particular, el  Mjölnir, su poderoso martillo. El Mjölnir simboliza fuerza, valor y virtud. ¿No les recuerda a la raqueta de Rafa? Thor era el dios de la guerra y la lucha salvaje, y Rafa le emulaba con sus partidos épicos y llenos de garra. Thor era el hijo de Odin, y el más fuerte de todos los dioses. Su martillo tenía la maravillosa capacidad de dar siempre en el blanco para después regresar a su dueño. Cuando lo lanzaba se veían relámpagos en el cielo y sonaban truenos. No sé si esta es la razón de la última portada del periódico francés l’Équipe, en la que aparece una foto de Rafa mirando al cielo y un titular que afirma: “Cuatro relámpagos en el desierto, y la Tierra se
detuvo”. Thor poseía también un cinturón de fuerza que doblaba su ya de por si considerable poder y unos guantes de hierro. De mis lecturas infantiles de cómics, quizás me haya quedado grabada en la memoria la imagen de un Thor como superhéroe de Marvel. Tal vez por ello, cada vez que Rafa ejecutaba un golpe de derecha y lo finalizaba por encima de su hombro, me recordaba a ese Thor de mis lecturas, cuando hacía girar su martillo alrededor de sí mismo, posibilitándole incluso el volar por los aires. Y vaya si lo hizo Rafa Nadal, pues con su raqueta se trasladó a los cinco continentes, triunfando en todos ellos.

Podría seguir con muchos más nombres mitológicos, épicos y legendarios, pero temo aburrir a los lectores, así que terminaré con el que más me gusta: el de Rafa Nadal, un PROMETEO ROBANDO EL FUEGO A LOS DIOSES.


Siempre he pensado que ser federista o nolista era fácil. Jugadores que nunca se lesionaban, y que disputaban un circuito dominado por pistas rápidas que se adaptaban perfectamente a su juego. Lo difícil y heroico era ser admirador de Rafa, donde el fatalismo se imponía muchas veces, con los obstáculos de un ATP Tour en el que la tierra batida es marginada a dos meses del año, y en el que se enfrentó desde el minuto 1 de su carrera a dos de los mejores jugadores de la Historia del Tenis como Roger Federer o Novak Djokovic.

Siempre he pensado que ser seguidor de Rafa era propio de héroes, de luchadores infatigables que combaten contra el destino. Nadal se ha lesionado muchas veces y desde prácticamente su etapa adolescente. Casi no ha habido ninguna temporada en que no haya tenido ningún percance físico. Pero ese motivo es el que más admiración me produce, un héroe que se ha levantado percance tras percance, contratiempo tras contratiempo, desgracia tras desgracia… Y siempre para volver a la senda de la gloria.

Por otro lado, el que un jugador nacido en la tierra batida manacorense, junto al mar Mediterráneo y azotado por el viento de tramontana, haya triunfado en la hierba de Wimbledon y en las superficies duras de Melbourne y Nueva York, y frente a Federer y Djokovic, engrandece su figura.
Rafa Nadal ha sido Prometeo, el titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses cuando subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto, proporcionando calor y esperanza a la Humanidad, y haciéndoles saber a los hombres que con lucha y coraje todo es posible, hasta robarles el fuego a los dioses Federer y Djokovic en sus propios feudos de Wimbledon, Open de Australia y US Open.

A Rafa Nadal le queda todavía un último baile, el de la final de la Copa Davis. ¿Por qué no fantasear con otro vuelo de Rafa al Olimpo, robándole nuevamente el fuego a los dioses junto a su sucesor, Carlitos Alcaraz? ¿Se imaginan? ¿Por qué no soñarlo?
Y una última consideración a los amigos de las estadísticas y de los debates historiográficos: ¿cuántos Grand Slams tendría sin tanto percance físico? Para mí, la respuesta es clara: se saldría de todas las clasificaciones históricas.

Por ese y otros motivos, Nadal es el talayot manacorense, el ave Fénix, el mito de las Gimnesias, el hondero baleárico, Nadalator, Julio César y su “veni, vidi, vici”, el brazo de Thor y su martillo Mjölnir… Por eso, Rafa Nadal es para muchos el mejor tenista de todos los tiempos. Por todo ello, Rafa Nadal Parera es Prometeo, el que tantísimas veces robó el fuego a los dioses

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