
Por Maite Iriarte. Doctora en Psicología y psicóloga de tenis. Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Mental-Coach para tenistas y CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.L,
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En el tenis de alto rendimiento existe una creencia muy extendida: cuantos más recursos, oportunidades y apoyos recibe un jugador, mayores serán sus probabilidades de éxito.
Más wild cards, más torneos importantes, más visibilidad, más atención. En teoría, todo suma. Sin embargo, cuando se observan los procesos desde una perspectiva psicológica, la realidad es bastante más compleja.
Dos trayectorias frecuentes en el desarrollo del talento
En el desarrollo de jugadores jóvenes se repiten con frecuencia dos tipos de trayectorias muy distintas. Ambas parten del talento y ambas cuentan con nivel deportivo, pero la experiencia interna del jugador —y sus consecuencias en pista— es radicalmente diferente.
Por un lado, encontramos al jugador que progresa con margen. Un jugador que va construyendo su identidad competitiva paso a paso, sin estar permanentemente señalado.
Compite, pierde, gana, aprende y se adapta sin que cada resultado tenga que confirmar quién es o qué se espera de él.
Por otro lado, aparece el jugador que es identificado muy pronto como “el elegido”. Recibe numerosas ayudas, wild cards constantes y una atención que, aunque bienintencionada, viene acompañada de una expectativa continua. No solo juega para ganar partidos, sino para justificar oportunidades, sostener una narrativa y no decepcionar.
Desde fuera, ambos procesos pueden parecer privilegiados. Desde dentro, la vivencia psicológica no tiene nada que ver.
-Uno compite desde el permiso.
-El otro compite desde la obligación.
Y esta diferencia tiene un impacto directo en el rendimiento.
Competir desde el permiso vs competir desde la obligación
El jugador que compite desde el permiso suele mostrar mayor libertad en la toma de decisiones. Se permite arriesgar, explorar soluciones y tolerar el error como parte del aprendizaje. Su confianza se construye desde la experiencia real, no desde la expectativa.
Cada partido suma información, no amenaza su identidad.
En cambio, el jugador que compite desde la obligación suele hacerlo con un nivel de presión interna mucho mayor. El error se vive como un peligro, no como una oportunidad. Aparece la rigidez, el miedo a fallar en momentos clave y la sensación de estar constantemente a examen. Aunque el nivel técnico esté ahí, el rendimiento se vuelve irregular y frágil.
Las ayudas no son neutras
En este punto, es importante entender algo fundamental: las ayudas no son neutras.
Las wild cards no son neutras.
La exposición temprana no es neutra.
Cuando un jugador aún no ha desarrollado la estructura psicológica necesaria para sostener la presión externa, un exceso de facilidades puede convertirse en una carga invisible. Lo que desde fuera parece una ventaja, por dentro puede generar tensión, inseguridad y una relación poco sana con la competición.
El factor tiempo y el respeto a los ritmos psicológicos
Otro factor clave es el tiempo. Los procesos que respetan los ritmos psicológicos permiten que el jugador madure emocionalmente antes de ser expuesto de forma constante al foco competitivo.
Acelerar etapas suele provocar bloqueos que no tienen que ver con el nivel de tenis, sino con la dificultad para sostener la expectativa.
Esto no significa que las ayudas sean negativas en sí mismas. Significa que deben estar alineadas con el momento psicológico del jugador. Dar más no siempre es ayudar mejor. A veces, intervenir menos permite que el jugador desarrolle recursos internos fundamentales: autonomía, resiliencia, capacidad de adaptación y confianza auténtica.
Oportunidades sí, pero con consciencia
En alto rendimiento, el verdadero reto no es crear oportunidades, sino saber cuándo y cómo ofrecerlas. Un jugador puede tener todas las condiciones técnicas y físicas necesarias y, aun así, quedarse estancado si compite constantemente desde la obligación.
Por el contrario, cuando el proceso favorece la libertad, el aprendizaje y la responsabilidad progresiva, el crecimiento suele ser más sólido y sostenible. No siempre inmediato, pero sí más estable a largo plazo.
Reflexión final
La reflexión es clara: en el desarrollo del talento, no siempre progresa más rápido el que recibe más ayudas, sino el que puede sostener mejor la presión que viene con ellas. Y eso depende, en gran medida, de cómo se haya construido su proceso psicológico.
En tenis, como en la vida, no todo lo que parece una ventaja lo es. Y no todo lo que va más despacio llega más tarde.
