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La opinión de Israel G. Montejo: El fin del Valencia Open y el futuro del Open Promesas

Era la crónica de una muerte anunciada. Desde el fin de la edición de 2014, el Valencia Open vivía una especie de prórroga en la que muy pocos confiaban que pudiera terminar bien para un torneo que, desde su traslado a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, había crecido hasta convertirse en una referencia dentro del ATP World Tour, un espacio de elite donde el mero hecho de estar, es ya de por sí casi una proeza.

El Valencia Open, lo han explicado muy bien tanto David Serrahíma como Juan Carlos Ferrero, ‘muere’ no por la falta de apoyo institucional sino por el incumplimiento de los acuerdos ya pactados con la Generalitat valenciana entiendo estos acuerdos como un convenio comercial, no como una subvención a fondo perdido. En esta visión, la Generalitat era un sponsor que no ha pagado lo que debía y al ser uno de los patrocinadores más fuertes, su incumplimiento, acaba con el proyecto. Así de sencillo.

El mérito del evento ha sido mantener la llama encendida de un gran torneo durante los años más crudos de la crisis económica que ha asolado España en el último lustro. Lo ha hecho además, creciendo y apostando por la innovación. Especialmente importante, en mi opinión, ha sido la puesta en marcha de un circuito de tenis juvenil como el Valencia Open Promesas o el desarrollo de un programa de Street Tennis que ha llevado al deporte de la raqueta a un buen número de localidades de la Comunidad Valenciana. El proyecto valenciano nunca olvidó lo esencial, que no era otra cosa que hacer el mejor torneo de tenis posible, pero al mismo tiempo, creció echando raíces en dos pilares fundamentales: el tenis juvenil y la implantación territorial. Todo eso, queda ahora en el aire.

Hubiera habido una oportunidad de salvar el proyecto casi en su totalitad, si el Valencia Open se hubiera convertido en el Bilbao Open pero no parece que eso vaya a ser así. Los propietarios del torneo tienen claro que el futuro pasa por Bélgica y eso significa otra ciudad, otro país y otros propietarios. Sin un paraguas como el torneo mayor, el Promesas, el Street Tennis e incluso el Master Nacional de Tenis en Silla en el formato de los últimos tiempos, desaparecerán también.

Juan Carlos Ferreo, en la entrevista que le hice recientemente, dejo una puerta abierta a la continuidad de estos eventos. Yo, sinceramente, no lo veo posible. Había un todo y ahora ese ‘todo’ ha estallado por su parte más poderosa, la que daba sentido al conjunto. Una pena. Otro gran evento que hemos perdido. No paramos de restar. Veremos hasta donde podemos estirar la cuenta.

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