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Hacia un nuevo modelo de clubes sociales-deportivos. De alquilar pistas a construir comunidad por Eduardo Carrillo

Eduardo Carrillo escribe sobre el nuevo modelod de clubes de tenis, que están evolucionando de deportivos a generadores de comunidad

Eduardo Carrillo. Gestor de la Industria del Deporte. Para leer más artículos escritos por este autor, pinchar en este enlace.


Durante años, muchos clubes sociales-deportivos han funcionado bajo una lógica clara y relativamente estable; instalaciones, reservas, clases, torneos y cuotas. Un modelo basado en ocupación, donde la única variable que parecía importar era llenar pistas. Y ese modelo ha funcionado. Pero quizá hoy empieza a quedarse pequeño.

El socio-usuario actual no busca solo practicar deporte, sino que quiere vivirlo, compartirlo y sentirse parte de algo. Por eso, desde hace algún tiempo, ya no hablamos tanto de actividad como de pertenencia.

De infraestructura a ecosistema

Un club no es un conjunto de pistas. Es una comunidad que usa pistas. Tener una modalidad principal, tenis, pádel, golf u otra, es sano y necesario. Es identidad, posicionamiento y marca. Pero hoy en día convertirla en frontera, en elemento excluyente, puede ser un error estratégico.
La modalidad principal debe ser la locomotora, no el límite.

En los clubes de raqueta y pala, esto implica:
 Integrar nuevas modalidades complementarias (aquí el pickleball puede jugar un papel interesante).
 Apostar por variedad de superficies que enriquezcan la experiencia y la formación.
 Diseñar formatos multiraqueta que amplíen las posibilidades de participación.

No se trata de diluir identidad. Se trata de ampliar el ecosistema.

El verdadero riesgo no es la competencia entre modalidades. Es la infrautilización de espacios y la pérdida silenciosa de comunidad.

Y aquí aparece el riesgo silencioso, el abandono.
Socios que dejan de venir, usuarios que se van a propuestas más flexibles, y familias que sustituyen el club por experiencias más adaptadas a sus necesidades-intereses. Cuando el club no evoluciona, no siempre pierde socios de golpe. Pierde relevancia.

Más vida por metro cuadrado


Cada metro cuadrado de un club es un activo estratégico. Si se concibe únicamente como coste fijo, limita. Pero si se concibe como plataforma de experiencias, multiplica.
Un club que quiera evolucionar puede explorar líneas como:

-Acondicionamiento y rendimiento
Yoga, Pilates, TRX, cross training, prevención de lesiones, actividades dirigidas específicas para jugadores. Pero no como “servicios adicionales”, sino como parte del recorrido natural del socio.
-Actividades complementarias para ampliar base
Grupos de running, trekking, ciclismo, viajes de ski, patinaje o actividades outdoor…
El club como punto de encuentro, no solo como lugar físico.
-Ocio cultural y social
Afterworks deportivos, culturales, gastronómicos, eventos solidarios, networking, presentaciones, encuentros temáticos. Porque la comunidad no se construye solo jugando. También conversando y, sobre todo, interactuando.
El objetivo no es llenar la agenda. Es llenar de sentido el tiempo que los socios pasan en el club.

La ventaja intergeneracional

Los clubes sociales-deportivos tienen algo que muchos otros modelos de ocio no poseen; capacidad real de ser intergeneracionales.
En una misma instalación pueden convivir:
 Socios tradicionales que valoran estabilidad y pertenencia.
 Profesionales que buscan equilibrio y eficiencia.
 Millennials que priorizan experiencias y propósito.
 Generación Z que quiere participación y relato.
 Y pronto, la Generación Alpha-T, más de formatos híbridos (y táctiles).

No se trata de elegir a qué generación atender, sino de diseñar experiencias transversales que conecten con todas.
La pista une generaciones. La comunidad une personas.

Sostenibilidad como eje estructural

El club del futuro no puede pensar solo en ocupación. Debe pensar en sostenibilidad en
sentido amplio.
-Económica: modelo rentable y resiliente.

-Social: inclusión, sensibilidad solidaria, impacto positivo.
-Medioambiental: eficiencia energética, uso responsable del agua, gestión consciente de recursos.
La sensibilidad social ya no es un añadido reputacional. Es un criterio de elección.
Los socios ya no quieren sólo jugar en un club, quieren sentirse orgullosos de pertenecer a él.

El deporte como nuevo espacio social

El ocio está cambiando. El tradicional afterwork en torno a la mesa está dando paso, cada vez más, al afterwork en torno al deporte.
La salud es una prioridad creciente y la experiencia activa sustituye al consumo pasivo. Aquí los clubes tienen una oportunidad importante, convertirse en el centro del ocio activo de su comunidad. Un lugar donde entrenas, donde conectas, donde compartes, un lugar al que perteneces.

De pista a comunidad


Los clubes sociales-deportivos deben pasar: de instalaciones donde se practica deporte a espacios donde los socios quieren participar. La instalación genera ingresos. La experiencia genera fidelidad. La comunidad genera futuro.
No se trata de tener más pistas, sino de tener más vida en y alrededor de ellas. Pasar de pista a comunidad no es una moda. Es una decisión estratégica. Y probablemente, la más importante para que nuestros clubes sigan siendo los elegidos en el futuro.

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