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El techo invisible de muchos entrenadores de alto rendimiento en tenis por Maite Iriarte

Maite Iriarte habla sobre el techo de cristal de los entrenadores de alto rendimiento

Prof. Dra. Maite Iriarte Rego, doctora en Psicología y psicóloga del tenis
Mental-Coach para tenistas y CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.L,
Web: flowandgrow.es,
Mail: info@flowandgrow.com.de,
YouTube: https://www.youtube.com/@MaiteRego
Instagram: @maite_flowandgrow

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En el tenis profesional, el rol de los entrenadores de alto rendimiento es, inevitablemente, acompañar procesos de cambio. En una primera etapa, ese acompañamiento es claro, visible y ampliamente reconocido: el desarrollo técnico, táctico, estratégico y físico del jugador. Es un terreno conocido, estructurado y, en gran medida, controlable.
Sin embargo, a medida que el jugador crece, compite y se aproxima a su verdadero potencial, el proceso deja de ser únicamente deportivo. Y es ahí donde comienza lo verdaderamente complejo.

Cuando el cambio deja de ser deportivo


De forma inevitable —aunque no siempre consciente— el entrenador pasa a estar implicado también en el cambio emocional y mental del jugador. En ese punto, muchos proyectos empiezan a encontrar un límite que no siempre se ve, pero que se siente.
No es por falta de trabajo.
No es por falta de talento.
No es por falta de ambición.
Es por el modelo interno desde el que se acompaña ese cambio.

Durante años hemos visto proyectos sólidos, exitosos y prometedores que, al alcanzar momentos críticos, se rompen de forma abrupta. Separaciones traumáticas, conflictos legales, rupturas personales profundas o finales de relación que dejan heridas tanto en el jugador como en el entrenador. No por la falta de resultados, sino por la incapacidad de sostener el proceso humano que exige el alto rendimiento.

El límite del control en los procesos profundos

Acompañar un proceso de transformación interna no funciona igual que corregir un golpe o ajustar una táctica. Ese tipo de cambio no se controla, no se impone y no se acelera.
Exige atravesar miedos, bloqueos, patrones mentales y emocionales profundos. Exige desarrollar autorregulación emocional y CONSCIENCIA. Y exige algo aún más incómodo: que el entorno —especialmente el entrenador— también esté dispuesto a mirarse.

Cuando el entrenador no sabe cómo sostener ese proceso interno, suele aparecer una respuesta automática: el control. Más estructura. Más presión. Más exigencia. No necesariamente por mala intención, sino por la dificultad de tolerar la incertidumbre y la pérdida de control que genera un cambio profundo.

En esos momentos, el discurso suele incluir conceptos como mentalidad, gestión emocional o CONSCIENCIA. Pero una cosa es hablar de ello y otra muy distinta haberlo trabajado en primera persona.
Y aquí aparece una verdad incómoda para la industria del tenis: no se puede acompañar de verdad un proceso que uno mismo no ha atravesado.

El entrenador también necesita apoyo mental-emocional

Uno de los grandes tabúes del tenis profesional es este: se asume que el entrenador debe poder sostenerlo todo solo. La presión del jugador, del entorno, de los resultados, de los padres, de los patrocinadores y de la competición.

Pero el entrenador también tiene límites emocionales, miedos, creencias y puntos ciegos. Y cuando esos límites no se trabajan, terminan filtrándose en la relación con el jugador.
Aquí es donde el trabajo mental profesional se vuelve imprescindible, no solo para el deportista, sino también para el entrenador. Tener a alguien que ayude al entrenador a atravesar sus propias barreras internas no es una debilidad. Es una condición necesaria para poder acompañar procesos de alto nivel sin que acaben en rupturas destructivas.

Muchas separaciones que han sacudido al tenis en los últimos años no se explican únicamente por resultados o decisiones deportivas. Se explican por procesos emocionales no sostenidos, por dinámicas de control mal gestionadas y por la ausencia de un espacio seguro donde trabajar lo que estaba ocurriendo de verdad.

El cambio del jugador implica el cambio de sistema

El cambio profundo del jugador implica, inevitablemente, un cambio también en su entorno. Incluido el entrenador. Acompañar de verdad exige atreverse a soltar control, soltar certezas y soltar la idea de que todo se resuelve apretando más.
Implica que el entrenador esté dispuesto a cuestionar sus propias creencias, confrontar sus miedos, reconocer sus límites y crecer al mismo ritmo que su jugador.
Porque acompañar no es dirigir desde arriba.
Acompañar es caminar al lado.

El verdadero salto de nivel

Mientras este cambio de paradigma no se integre, muchos proyectos seguirán rozando la cima sin llegar a tocarla. Se quedarán limitados por ese techo invisible que aparece cuando el talento ya está, el nivel ya es alto y lo que marca la diferencia no es la técnica, sino la libertad interna.

Los grandes saltos de nivel no se producen solo en la pista. Se producen cuando el jugador puede competir desde la CONSCIENCIA y no desde el miedo, y cuando el sistema que lo acompaña —entrenador incluido— tiene la madurez emocional para sostener ese proceso sin romperse.
El verdadero salto de nivel no es solo del jugador.
Es del sistema completo que lo acompaña.

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