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El código jugador-entrenador por Alberto Gil Deocal

A través de la experiencia como entrenador he podido entender la importancia de la comunicación y el lenguaje en el proceso de enseñanza – aprendizaje en el que estamos inmersos con nuestros jugadores y en el vínculo que desarrollamos con ellos.

Muchas veces transmitimos un mensaje en reiteradas ocasiones sin lograr el resultado que esperamos en el jugador, y a veces basta con modificar la forma (lenguaje) para llegar de manera más eficiente.

El lenguaje es vital y está presente en todos los ámbitos que rodean al jugador y entrenador: Entrenos, correcciones técnicas, tácticas, coaching en partidos, análisis post-partido… Al ser algo tan importante debemos integrarlo en nuestra rutina de trabajo.

El lenguaje jugador – entrenador es algo que se construye con el tiempo, la cercanía y el trabajo, se convierte en su máxima expresión en un código. Este código en ocasiones puede ser complejo o técnico, en otros casos es más simple o emocional. Debe ser algo que jugador y entrenador comprendan, si ambos lo entienden, lo comparten y lo interpretan de la misma forma el objetivo esta cumplido.

Este lenguaje consistirá en el empleo de frases, palabras claves, gestos o tips que representen acciones, situaciones, emociones… De manera que el jugador y entrenador en pocas palabra o segundos pueden sintetizar una información valiosa, procesarla y llevarla a cabo de forma eficiente y efectiva.

Sin duda, el hecho de tener este lenguaje propio desarrolla y fomenta el sentimiento de pertenencia, con lo cual conseguimos que ambas partes estén muy involucradas en el proceso al sentir que están en un entorno que ha construido juntos, les agrada y les representa, por tanto su poder efectivo aumenta.

Este lenguaje debe ser escogido y elaborado entre ambas partes, pero el entrenador será el verdadero conductor y moderador del mismo, ha de tener la habilidad para usar este recurso como un elemento potenciador.

A la hora de escoger esas palabras y frases podemos orientarlas para que sean más efectivas en la dirección que elijamos, por ejemplo para potenciar los puntos fuertes de jugador, o que le sirvan como estímulo para afrontar aquello que le supone más dificultad. El lenguaje tendrá por tanto un carácter equilibrador entre la naturaleza del jugador y la filosofía del entrenador.

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