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Cuando las luces se apagan por Rafael Linares, padre de una ‘niña tenista’

Rafael Linares es padre de una niña tenista en Canarias. Ha querido escribir este artículo para aportar el punto de vista de un padre ante uno de los temas que más debate generan en nuestro tenis: el papel de los padres en una pista de tenis, si éste debe ser pasivo o activo. Un tema que, sin duda, no deja a nadie indiferente. 

 

Ser padre de un niño que practica deporte en general, conlleva la inmediata incorporación a un colectivo continuamente “cosificado”.
Al parecer hay dos bandos, entrenadores y progenitores. Los primeros se quejan constantemente que los segundos no les dejan hacer su trabajo adecuadamente. Escriben post de lamento y artículos de condena buscando empatía. Los padres por su parte, simplemente encajan las críticas o no les dan importancia, pensando: “esto no va por mÍ” (…tienen las espaldas “anchas”).

Cuando los entrenadores les piden “cesiones de poder” en la formación de sus hijos normalmente las conceden. Se limitan a ser “taxistas”, conforme se les pide, aunque no estén de acuerdo en ciertas cosas. Y aún así, son objeto de crítica y mofa. Hundir su “rol” parece necesario para que algunos formadores eleven el suyo.

Es cierto que en el tenis he conocido las conductas paternas más impropias. Convivimos con trastornados que han convertido este bonito deporte en un auténtico calvario para los demás. Hacen mucho “ruido”, pero la mayoría no es así.

Vaya por delante que sin padres de pequeños deportistas no habría deporte infantil. Son los que abnegadamente los llevan a los entrenos y a los partidos. Los que nunca duermen siesta y se levantan temprano los fines de semana. También son los que “pagan la fiesta”; y todos sabemos que el tenis no es un deporte precisamente barato. Los únicos que están ahí cuando “las luces se apagan”. Me refiero a ese desagradable momento en que llega una lesión importante. El infortunio lo padecen exclusivamente el deportista y sus familiares directos, viendo cómo su ser más querido se ve privado de hacer lo que más le divierte.

Si la convalecencia es larga, llega un momento que el teléfono deja de sonar para preocuparse por su situación. El entrenador fijará sus atenciones diarias en los que están y no en los que estaban. Posiblemente al club se le olvidará incluso renovarle la licencia anual. Y es normal. Ley de vida.

Mientras tanto, los padres buscarán hasta el fin del mundo una mejor opinión médica y un mejor tratamiento, que permita devolver la alegría al pequeño. Harán de enfermeros y fisioterapeutas. Por supuesto, de psicólogos. Como animadores sociales trataran de desviar su atención hacia otros pasatiempos.

Puede que no sepan de deporte como se les critica, pero de todo esto tampoco. Y no les queda de otra que dar un paso al frente.
El 90% de los progenitores únicamente quiere que sus hijos progresen adecuadamente, ya que está dedicando mucho tiempo a una actividad.

¿No sería más fácil que los entrenadores se negasen a entrenar al 10% restante? ¿A los clientes que consideren “tóxicos”? Renunciar al dinero, a coparticipar en los logros deportivos de niños talentosos y/o en los que se invierte mucho, y escribir menos “posts” de queja. Y si no se hace lo primero, lo segundo sobra, ya que se puede herir injustamente la sensibilidad de la inmensa mayoría.

La base de cualquier cosa, siempre es la familia. Teniendo eso claro, todo el que venga a sumar, es bienvenido. La fuerza de muchos siempre es superior a la individual. Siempre.

Rafael Linares,
Padre de “niña tenista”.

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