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Cómo gestionar un club pequeño: Sin pasión no hay alegrías por José Juan Méndez

José Juan Méndez es director del CT Síbora

Cada vez que alguien me pregunta cómo puede sobrevivir un club pequeño en los tiempos que corren, pienso que seguramente espera una respuesta relacionada con presupuestos, subvenciones o instalaciones. Y sí, todo eso es importante. Pero después de muchos años al frente de un proyecto deportivo, he aprendido que la verdadera respuesta es mucho más sencilla: un club pequeño sobrevive cuando consigue que las personas crean en él.

En el Club de Tenis Sibora llevamos años demostrando que el tamaño no determina la capacidad de hacer cosas importantes. Durante catorce años hemos organizado un torneo nacional por el que han pasado jugadores como Tommy Robredo, Pablo Andújar, Guillermo García-López, Nicolás Almagro o David Marrero. Cuando echo la vista atrás, me siento orgulloso de haberlos tenido con nosotros, pero todavía me produce más satisfacción comprobar que muchos jugadores siguen recordando el trato recibido y el ambiente que encontraron.

Porque si algo hemos intentado cuidar siempre es que quien venga a nuestro club se sienta como en casa. En un mundo donde todo parece ir cada vez más rápido, hacer sentir importante a una persona sigue siendo una de las herramientas más poderosas que existen. Y eso vale para un jugador profesional, para un niño que juega su primer torneo o para una familia que decide confiar en nuestra escuela.

Generar actividad constante

Con el tiempo entendimos que un club no puede limitarse a abrir sus puertas y esperar que las cosas sucedan. Hay que generar actividad constantemente. Hemos organizado competiciones para nuestros alumnos, torneos como el Arepa Open, encuentros con otros clubes, competiciones interclubes junto a las federaciones canaria e insular, viajes deportivos, convivencias y todo tipo de iniciativas que ayudan a que los jóvenes vivan experiencias que van mucho más allá de un entrenamiento.

También hemos apostado por la formación continua. Siempre he pensado que un monitor nunca debe dejar de aprender. Por eso hemos procurado obtener todas las titulaciones posibles, participar en cursos y seguir creciendo profesionalmente. Incluso hemos impulsado formaciones en primeros auxilios porque la calidad de un club se demuestra en muchos pequeños detalles que a veces no se ven desde fuera.

Otro aprendizaje importante ha sido entender que las empresas colaboradoras son mucho más que patrocinadores. Son compañeros de viaje. Cuando una empresa local apuesta por tu proyecto, lo mínimo que puedes hacer es integrarla, darle visibilidad y hacerla sentir parte de los logros. El crecimiento de un club siempre es más sólido cuando se construye junto a su entorno.

Una gestión exótica ordenada

Por supuesto, la gestión económica también forma parte de la supervivencia. Los clubes pequeños no pueden permitirse el lujo de desaprovechar oportunidades. Hay que estar atentos a las subvenciones, a las ayudas públicas y a cualquier recurso que permita seguir mejorando las instalaciones y los servicios. Nadie va a llamar a tu puerta para ofrecerte soluciones; hay que salir a buscarlas.

Y luego está la comunicación. Hoy en día no basta con trabajar bien. También hay que contarlo. Mantener viva la página web y las redes sociales requiere tiempo y esfuerzo, pero es una inversión imprescindible. Es la forma de mostrar lo que haces, de acercarte a nuevos jugadores y de dar valor a quienes ya forman parte del proyecto.

Sin embargo, si tuviera que señalar el secreto más importante de todos estos años, no hablaría de torneos, ni de subvenciones, ni siquiera de los grandes nombres que han pasado por nuestras pistas. Hablaría de las personas.

Nada de esto habría sido posible sin el equipo humano que ha estado detrás durante todos estos años. Somos pocos, pero cada uno aporta mucho más de lo que aparece en una fotografía o en una publicación de redes sociales. Hay horas de trabajo, preocupaciones, llamadas, reuniones, viajes y esfuerzos que casi nadie ve. Y aun así seguimos adelante porque creemos en lo que hacemos.

Hace muchos años alguien me dijo una frase que nunca he olvidado: “Sin pasión no hay alegrías”. Con el tiempo he comprobado que tenía razón.

La pasión no garantiza el éxito, pero sí hace posible recorrer el camino cuando llegan las dificultades. Es la que te empuja a organizar un torneo más cuando parece imposible, a buscar una nueva subvención, a mejorar una actividad o a seguir soñando con nuevos proyectos.

Quizá esa sea la verdadera fórmula para que sobreviva un club pequeño: trabajo, constancia, cercanía y mucha pasión. Porque al final los clubes no los hacen las instalaciones. Los hacen las personas que creen en ellos cada día.

Y mientras siga existiendo esa pasión, siempre habrá motivos para seguir adelante.

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