
Por Dani Gil. Director de Focus Academia de Tenis. Para leer más artículos suyos, pinchar en este enlace
Antes de pegar fuerte, aprende a meter la pelota. La clave que muchos jugadores jóvenes pasan por alto
Muchos jugadores entrenan varias veces por semana, compiten los fines de semana y, aun así, sienten que no mejoran al ritmo que esperan. Se esfuerzan, intentan pegar cada vez más fuerte… pero los errores siguen apareciendo.
La razón suele ser siempre la misma: todavía no han entendido cómo se juega realmente al tenis.
El tenis no empieza con golpes ganadores. Empieza con algo mucho más simple y, a la vez, mucho más importante: la consistencia.
Es decir, meter la pelota dentro una y otra vez.
El orden importa (y mucho)
Cuando empezamos a jugar al tenis hay un orden que no se puede saltar, por mucho que apetezca:
1. Primero, meter la pelota.
2. Después, darle dirección.
3. Más adelante, añadir profundidad.
4. Y solo cuando todo eso está controlado, variar alturas y efectos.
El error más común en jugadores jóvenes es querer empezar por el final. Se confunde jugar mejor con pegar más fuerte, cuando en realidad jugar mejor es fallar menos.
La importancia del éxito en los ejercicios
Imagina un ejercicio sencillo: meter tres pelotas seguidas en una zona concreta de la pista, cruzadas o paralelas. Cuando lo consigues, puedes jugar el punto.
¿Qué suele pasar?
Que intentas pegar fuerte, fallas pronto y el ejercicio no sale. No es falta de técnica ni de talento; simplemente la velocidad es demasiado alta para tu nivel de control actual.
Aquí aparece una idea clave que muchos jugadores no quieren aceptar:
El objetivo no es pegar fuerte, el objetivo es cumplir el ejercicio.
Si para lograrlo tienes que bajar la velocidad, eso no es rendirse. Eso es entrenar bien.
Por qué bajar la velocidad te hace mejor jugador
Bajar la velocidad no significa jugar peor. Significa jugar con cabeza. Significa entender que cada golpe tiene un propósito: mantener la pelota en juego, construir el punto y generar una ventaja.
Los jugadores profesionales no han pegado fuerte todo el tiempo. Ahora pueden hacerlo porque antes aprendieron a no fallar. Su potencia aparece cuando la situación lo permite, no por obligación.
Siempre pongo el mismo ejemplo a mis alumnos:
Si cogieras un Ferrari e intentaras conducirlo por las calles de la urbanización a 300 km/h, en la primera curva te estrellarías. Primero tendrías que ir a una velocidad que controles, quizá 60 km/h, y poco a poco ir aumentando hasta poder recorrer todas las calles sin salirte.
Con la velocidad de los golpes en tenis ocurre exactamente lo mismo.
Tu nivel real aparece cuando importa fallar
Hay un momento muy revelador en cualquier entrenamiento: cuando sabes que fallar tiene una consecuencia, automáticamente aseguras más, ajustas la velocidad y empiezas a meter bolas.
Esto se puede provocar jugando puntos, con retos o incluso con pequeños castigos. Pero donde más quiero incidir es en otra cosa: muchas veces ese cambio no nace de la voluntad del jugador, sino de la presión externa.
El deseo inicial sigue siendo el mismo: pegar fuerte, sin importar la consecuencia.
En la academia proponemos ejercicios con retos claros, ya sean de consistencia o de cualquier otro aspecto del juego. Si consigo realizar correctamente un ejercicio 9 de cada 10 veces, eso significa que puedo aumentar ligeramente la velocidad.
En el momento en que mi porcentaje de éxito baja, debo regular la velocidad para volver a cumplir el objetivo. De esta manera es como realmente se mejora.
La paradoja de la competición
Lo más curioso es que esos mismos jugadores que en los entrenamientos quieren pegar siempre fuerte, cuando llega la competición se vuelven milagrosamente consistentes.
¿A qué se debe esto?
A que ahora sí importa fallar. La presión del partido, el marcador, el entorno y las expectativas hacen que el error deje de ser una opción aceptable. Aparece la frustración… y con ella, el control.
En esos momentos, muchas veces siento que incluso prefiero que pierdan el partido, porque tras la derrota suelen estar más abiertos a reflexionar y a cambiar.
Lo que siempre les digo es esto:
Ese jugador que aparece cuando importa fallar es tu nivel real.
Ahí entra en juego la parte mental, la gran olvidada durante muchos entrenamientos. Si entrenáramos dando la misma importancia al error que en los partidos, llegaríamos mucho mejor preparados a competir.
Entrena como compites
Por eso, entrenar intentando pegar siempre fuerte no te ayuda a competir mejor.
Entrenar como compites, sí.
Cada pelota del entrenamiento debería importarte. Cada error debería tener un significado. Cada ejercicio debería ser un reto real.
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Conclusión
Si quieres subir tu nivel, empieza por lo básico:
• Mete la pelota.
• Repite.
• Entiende el juego.
• Construye el punto.
La potencia llegará sola cuando la consistencia sea sólida.
Trata cada pelota del entrenamiento como una oportunidad en la que te importe fallar. Supera los retos que te propone el entrenador y, solo entonces, empieza a subir la velocidad de tus golpes.
Ahí es donde empieza el verdadero progreso.
